Los gestos de los perros cuando les “pillan” después de hacer alguna presunta trastada, después de destrozar algo en casa o de hacerse pis o caca donde no deben, suelen interpretarse como que saben perfectamente que han hecho algo mal.
Cabeza gacha, orejas hacia atrás, la cola entre las patas, postura encorvada… Estos y algunos otros comportamientos son los que para mucha gente, –para hasta un 74% de tutores caninos según un estudio– demuestran que ese peludo sabe que ha hecho algo malo.
¿La realidad? Lo más frecuente es que ese perro que se esconde detrás del sofá esté reaccionando a la cara, voz o gesto de enfado de la persona que le ha “pillado”.
No es que se muestre culpable, es que está intentando evitar ser castigado, que no es lo mismo.
El perro no tiene por qué relacionar directamente la voz enfadada con el pis que hizo horas (o minutos) atrás. Pero sí sabe que “su” persona le está regañando (o le regañó en el pasado) y por tanto utiliza todo un repertorio de gestos para apaciguar ese enfado y que vuelva la calma a casa.
Es complicado acabar con el mito del perro culpable (igual que el mito de que el perro se está vengando cuando lo dejamos solo) pero el problema es otro: si nuestro perro rompe cosas en casa con frecuencia o se hace pis hay que analizar por qué para intentar ayudarle, no pensar en castigarlo.