Uno de los grandes retos cuando hablamos de comportamiento canino es que, a diferencia de otros problemas de salud, no siempre tenemos pruebas claras que nos indiquen qué está pasando. Por ejemplo, si un perro tiene anemia, una analítica nos mostrará fácilmente que sus glóbulos rojos están bajos. Pero en los problemas de conducta esto no es tan evidente.
Por eso, ante un cambio de comportamiento, el primer paso es descartar que detrás de esa conducta no haya un problema de salud, y que lo que estamos viendo sea, en realidad, la forma que tiene el perro de expresar que algo no va bien.
Dentro de estos problemas, el dolor es una de las causas más frecuentes cuando aparecen conductas como la agresividad hacia personas. Aquí compartimos dos casos reales que creemos que pueden ayudar a entender mejor estas situaciones.
Un chihuahua joven que no dejaba que le pusieran el arnés
El primer caso es el de un chihuahua joven (de unos 2 años), que de repente empezó a mostrar conductas agresivas cuando sus tutores intentaban ponerle el arnés para salir a pasear.
Durante la primera visita etológica observamos que caminaba de forma extraña y que tenía dificultades para bajar escaleras. Ante esta situación, recomendamos a sus tutores realizar una revisión traumatológica con un especialista.
En esta exploración se detectó una luxación en ambas rodillas, lo que le provocaba una sobrecarga en la espalda. Además, presentaba un sobrepeso importante que agravaba aún más la situación.
Todo esto generaba dolor en el perro. Por eso, cuando intentaban manipularlo para ponerle el arnés, respondía intentando morder: no era “agresividad” sin más, sino una forma de evitar algo que le resultaba doloroso.
En este caso, antes de iniciar cualquier trabajo de modificación de conducta, fue fundamental tratar el dolor y mejorar su estado físico. Una vez controlado, empezamos a trabajar de forma progresiva para que pudiera tolerar el arnés de manera tranquila, sin molestias y sin necesidad de recurrir a la agresividad.
Una perra recién adoptada con conductas agresivas hacia perros y desconocidos
El segundo caso es el de una perra tipo american staffordshire, de unos 6 años. Era una perrita recién adoptada que en su día a día mostraba conductas agresivas tanto hacia perros como hacia personas desconocidas.
A diferencia del caso anterior, aquí el problema no parecía tan claro. De hecho, lo primero que pensaríamos era que todos los cambios sufridos después de la adopción podrían ser la razón de estos comportamientos. Sin embargo, a lo largo de las visitas observábamos que le costaba caminar y que hacía movimientos extraños. Por eso, recomendamos también una revisión con un especialista en traumatología.
En este caso, se detectaron problemas articulares y de espalda que le estaban provocando dolor. Se inició un tratamiento con una inyección mensual para reducir la inflamación y aliviar ese malestar.
Lo interesante es que, solo con este tratamiento, ya se observaron cambios significativos en su comportamiento.
Además, había un detalle muy llamativo: cada vez que se acercaba la fecha de la siguiente inyección, sus tutores notaban un empeoramiento. Esto coincidía con el momento en el que el efecto del fármaco disminuía, lo que reforzaba la idea de que el dolor estaba jugando un papel clave en esas conductas agresivas.
Este caso nos recuerda algo importante: no siempre veremos señales evidentes de dolor, pero eso no significa que no esté ahí. Y, en muchos casos, puede ser una pieza fundamental para entender lo que le está pasando al perro.
Conclusiones
¿Quién no ha tenido un brote de alergia en el que le pica todo? ¿Quién no ha sufrido dolor de rodilla, de espalda o un dolor de cabeza insoportable? ¿Y quién no ha estado de mal humor en alguna de estas situaciones? A todos nos pasa: cuando físicamente no estamos bien, estamos más sensibles, más irritables, con menos paciencia. A los perros les ocurre exactamente lo mismo.
Es súper importante no olvidar que detrás de los problemas de comportamiento puede haber causas subyacentes que nos pasen por alto y estén causando o agravando la situación.
Así que, si tu perro gruñe, evita o reacciona en ciertas situaciones, no te quedes solo con la conducta. No te centres en corregirla: es importante prestar atención a los detalles y acudir a profesionales que puedan ayudarte a descartar problemas de salud y a entender lo que tu perro necesita.
Porque muchas veces, antes que un problema de comportamiento, hay un perro que siente dolor y no sabe cómo decirlo de otra forma.