Es un proceso en el que un perro reacciona cada vez con más intensidad a un estímulo porque lo vive repetidamente. En lugar de acostumbrarse, el malestar o el miedo aumentan con cada experiencia.
Si un perro se asusta con un petardo, lo más común es que cada nuevo estruendo lo viva peor que el anterior, aumentando su miedo. O, si un perro se siente incómodo cuando alguien lo abraza, con cada abrazo repetido puede volverse progresivamente más incómodo y reaccionar de manera más negativa.
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