Los perros pueden ser verdaderos expertos en evitar conflictos: utilizan señales diversas para comunicar su incomodidad, dejar claro que algo no les gusta y también reducir tensiones… Lo hacen primero de forma sutil pero, si no se atienden esas señales iniciales, esos mensajes, entonces la intensidad puede ir aumentando.
Si un perro está en una situación que, por lo que sea, le asusta o le supera y no puede esquivarla, si percibe que su interlocutor no le hace ni caso, no reacciona ante sus mensajes de incomodidad, puede verse obligado a expresarse de manera cada vez más enfática.
Va subiendo los peldaños de esta teórica “escalera de la agresión”, una herramienta que se utiliza para explicar cómo se comunican los perros, y si llega hasta arriba del todo podría llegar a morder.
Diversos estudios han demostrado que muchas personas no interpretan correctamente las señales de estrés en sus peludos, especialmente las más sutiles.
Esto es algo aún más frecuente en los niños pequeños: les cuesta especialmente reconocer el miedo, algo que puede resultar particularmente peligroso en sus interacciones cotidianas con los perros de casa.
Por eso es tan importante aprender a entender el lenguaje de los perros: es la mejor forma de evitar conflictos y prevenir mordeduras.
Todos estos gestos que se muestran en la “escalera de la agresión” son importantes: hay que entenderlos y, sobre todo, aprender a reconocerlos. Hay que explicarle bien a los niños lo que significan y cómo actuar si los detectan.
Si prestamos atención a lo que un peludo nos está diciendo y respetamos sus señales de incomodidad, miedo o estrés, dejando de hacer lo que estuviéramos haciendo para causar esa situación, este perro comprobará que le entendemos, que validamos lo que nos está comunicando y no tendrá que subir un escalón más, sino al contrario.
A largo plazo, esta es la mejor manera de fortalecer nuestra relación con un peludo.
Extrapolando mucho al universo humano es como si una persona estuviera en una situación que no le gusta nada y que está causada por otra. Inicialmente se lo dice en un tono normal, hablando. Si la otra persona no le hace ni caso, la primera quizá no tenga más opción que ir alzando la voz más y más hasta gritar. Si todo falla, si la situación es lo suficientemente problemática y no hay forma de escapar de ella, la primera persona podría llegar a las manos para solucionar el conflicto.