No es raro encontrarnos con un perro suelto en el campo, en caminos rurales, cerca de zonas de ganado o incluso en algunos parques. A veces su persona está cerca, pero otras no sabemos si es un perro perdido, de finca, de caza, de guarda o que acompaña a un rebaño.
Si viene corriendo, ladra o bloquea el paso, es normal asustarse. Pero la mayoría de conflictos ocurren porque el perro se siente amenazado, sorprendido, invadido o está protegiendo algo. Por eso, lo más importante es mantener la calma, no correr, evitar movimientos bruscos y darle espacio.
¿Cómo saber si un perro suelto es amistoso o supone un riesgo?
No tendremos que ser igual de precavidos si el perro se acerca con calma y postura relajada que si viene corriendo, ladrando o erizado.
Interpretar a un perro desconocido no siempre es fácil. Que mueva la cola, por ejemplo, no significa necesariamente que esté contento: indica nerviosismo, que puede deberse tanto a alegría como a tensión. Hay que fijarse en el cuerpo en su conjunto.
Señales que indican que la situación requiere más precaución:
- Se queda parado a unos metros, observándonos sin acercarse.
- Mantiene el cuerpo rígido o la musculatura tensa.
- Nos mira fijamente.
- Tiene el pelo erizado en el lomo.
- Avanza en línea recta hacia nosotros.
- Se acerca corriendo o con demasiada intensidad.
- Lleva la cabeza baja, el cuerpo tenso y mira hacia arriba.
- Ladra y bloquea el paso.
- Se coloca entre nosotros y una finca, una persona, un grupo de perros o un rebaño.
- Nos sigue cuando intentamos alejarnos.
Estas señales no significan necesariamente que el perro vaya a morder, pero sí indican que la situación requiere más prudencia.
¿Cómo actuar si te encuentras un perro suelto?
Hay unas recomendaciones básicas que conviene seguir en casi cualquier situación:
- No corras. Huir puede incitar al perro a perseguirnos.
- Evita movimientos bruscos.
- No grites.
- No le mires a los ojos. El contacto visual directo puede interpretarse como una amenaza.
- No le toques.
- No le amenaces con gestos, palos ni piedras.
- Quédate quieto y ofrécele el costado. De frente resultas más imponente; de lado, menos amenazante.
- Mantén los brazos y las manos pegados al cuerpo.
- Espera y aléjate despacio. Deja que te olfatee o te observe, y cuando el perro se relaje, retírate sin prisa y sin mirarle a los ojos.
- Si vas con perro y no va atado, ponle la correa y mantenlo a tu lado. Aunque este artículo está enfocado a personas que pasean solas, todos los consejos previos serían aplicables, igualmente, a quien esté con su perro.
Si crees que el perro va a atacarte y hay una barrera cerca —un muro, una valla—, ponerse al otro lado es la mejor opción. Subirse a algún lugar elevado también puede ayudar. Si hay agua cerca —playa, río—, meterse en ella suele disuadir al perro.
¿Qué hacer, según la situación, ante un perro suelto?
Qué hacer y qué no puede variar mucho de un contexto a otro.
Te ladra o te bloquea el paso
No sigas avanzando hacia él. Un perro que ladra manteniéndose más o menos en su sitio probablemente está marcando un límite: la finca en la que vive está más adelante, o está protegiendo a sus personas. Lo más adecuado es darse la vuelta despacio y alejarse, rodeando la zona si es posible. Conviene no dar la espalda completamente: a algunos perros puede incitarles a perseguir.
Haciendo deporte
Reduce la velocidad y, si el perro se acerca, para. Si vas en bicicleta, colócala entre los dos a modo de barrera. Espera a que el perro se relaje antes de reanudar la marcha, y no empieces a correr ni a pedalear hasta que ya te hayas alejado lo suficiente.
Perros que protegen un lugar
Aparecerán en cuanto detecten que alguien extraño se acerca a su zona. Hay dos perfiles habituales: los que alertan con ladridos constantes para avisar a los otros perros o a sus humanos, y los que protegen activamente. Estos últimos son los que pueden representar un riesgo real.
Su comportamiento suele seguir un patrón: se colocan mirando al “intruso” y ladran unos segundos —generalmente con un tono más grave—, luego paran y esperan. Si el extraño se detiene y retrocede, vuelven a su posición. Si sigue avanzando, ellos también avanzan, y si la situación no se detiene, puede desencadenarse un ataque.
La respuesta es siempre la misma: generar espacio y bordear la zona sin prisa. El perro te seguirá un trecho para asegurarse de que realmente te vas.
Pastores protectores de rebaño
Suelen ser mastines o mestizos de estos, y pueden estar solos con el rebaño o acompañando a un pastor. Su comportamiento es similar al de los perros de guarda: avanzan ladrando hasta que nos detenemos y se posicionan entre nosotros y el rebaño, formando un perímetro de seguridad.
La solución es la misma: alejarse del rebaño con calma, sin correr y sin dar la espalda bruscamente. Es probable que el perro te siga hasta asegurarse de que realmente te alejas.
Como apunte adicional, es conveniente que si vamos con nuestro peludo por zonas de pastoreo y espacios donde pueda haber perros protegiendo animales o instalaciones, llevemos a nuestro perro atado y evitemos que haya contacto entre ellos.
Conclusiones
Encontrarse con un perro suelto no tiene por qué convertirse en un problema. Lo más importante es mantener la calma: los ataques sin provocación son poco frecuentes, y la mayoría de situaciones se resuelven simplemente con dar espacio al animal y actuar sin brusquedad.
Por otro lado, si sospechamos que se trata de un perro perdido o abandonado, deberemos hacer lo posible para ayudarle.
Mitos
Parece lógico, pero suele ocurrir lo contrario. Un perro en tensión interpreta esas acciones como una amenaza, y ante una amenaza puede escalar en lugar de huir. Los movimientos bruscos y el ruido son exactamente lo que más desestabiliza a un perro en alerta.
La comida puede ayudar, pero no en cualquier momento. Si el perro está muy nervioso, no está en disposición de comer. Intentar dársela obliga a acercarse y a extender la mano, que es exactamente lo que no hay que hacer con un desconocido en tensión.
Depende. Algunos perros pueden relajarse con una voz suave, pero otros pueden ponerse más nerviosos si les hablamos, les llamamos o intentamos atraerlos. Además, hablarle puede hacer que se fije más en nosotros.
Agacharse reduce nuestra movilidad, hace nuestra cara y cuello más accesibles y extender la mano invade el espacio del perro. Además, para muchos este gesto es algo que no tienen normalizado y puede hacerles desconfiar.