La mayoría de mordeduras a personas las reciben los niños. Y, en contra de lo que muchas veces se piensa, no suelen producirlas el perro del vecino ni uno desconocido en el parque. En la mayoría de los casos suele ser el perro de la familia.
Tampoco es que sea “un mal perro” ni agresivo. Al contrario: suele ocurrir precisamente con perros que “nunca habían hecho un mal gesto”. Porque el problema casi nunca está en el perro, sino en la supervisión y en la falta de comunicación con este. El niño ha invadido su espacio hasta que al perro solo le ha quedado una opción: usar la boca.
Esos mordiscos —a veces simples marcajes— resultan especialmente aparatosos por dos razones: la cara del niño queda muy cerca de la boca del perro, y su piel es mucho más frágil que la de un adulto.
Situaciones de riesgo más habituales entre perros y niños
Conocer las situaciones de riesgo más frecuentes es el primer paso para prevenirlas. La buena noticia es que la mayoría de incidentes pueden evitarse.
El niño toca de forma inadecuada al perro
Los perros son irresistibles para los niños pequeños: se mueven, hacen ruidos y están a su altura. Es fácil que el niño quiera ir a tocar a un peludo y si no estamos atentos puede ocurrir un accidente. Las situaciones más comunes son:
- Abrazar al perro.
- Tumbarse encima.
- Besarle o acercar la cara a su boca.
- Agarrar orejas, cola o patas.
- Meter la mano en la boca o tocar los ojos.
Mención aparte merecen los niños menores de 2 años. A esta edad aún no tienen control sobre cómo tocan, y es frecuente que den manotazos o tiren del pelo. Por eso, no deberían tocarle.
Interferir mientras come o tiene algo valioso
Ningún perro debería ser molestado mientras come, y sin embargo es una de las situaciones que más se repiten. Las más frecuentes son:
- Meter la mano en su cuenco de comida.
- Quitarle algo que está masticando o un juguete.
- Acercarse mientras come.
Son situaciones que el perro puede percibir como una amenaza directa a algo que valora.
Molestar al perro mientras descansa
Ya de por si no deberíamos molestar a nuestro peludo si está descansando, pero además si está dormido su reacción puede ser más brusca. Situaciones típicas:
- Despertarle de sopetón.
- Tocarle mientras duerme.
- Invadir su cama o su espacio de descanso.
Perseguir o acorralar al perro
Lo que para el niño es un juego, para el perro puede ser una amenaza. Situaciones más habituales:
- Perseguir al perro por casa.
- Seguirle cuando intenta alejarse.
- Bloquear su paso o dejarle sin salida.
Cuando el perro no tiene opción de irse, aumenta el riesgo de que utilice la mordida como último recurso.
Perros con dolor o malestar
Esta situación es especialmente frecuente en perros mayores, que pueden sufrir dolores articulares u otras molestias que no siempre son visibles. Un perro con dolor tiene el umbral de tolerancia mucho más bajo. Es habitual que ocurra:
- El niño toca una zona sensible.
- Pasa corriendo cerca del perro (el perro, más sensible, lo siente como una amenaza).
Sobreestimulación
Tanto el perro como el niño pueden llegar a un estado de excitación tal que “se pasen de vueltas”. Esto puede llevar a que uno de los dos sobrepase los límites del otro. Siempre deberíamos procurar que las relaciones entre perros y niños se basen en la tranquilidad. Situaciones más comunes:
- Juegos muy intensos
- Fiestas infantiles
- Gritos, carreras, movimientos bruscos.
¿Puedes identificar si esta situación es correcta?
Conclusiones
La mayoría de las mordeduras entre perros y niños se pueden prevenir. No aparecen “de la nada”, sino en situaciones cotidianas en las que el perro se siente invadido, incómodo o sin salida, y las personas adultas no lo detectan a tiempo.Por eso debemos supervisar, anticiparnos y respetar al perro. Entender sus señales y enseñar a los niños a relacionarse con calma y respeto es lo que realmente ayuda a prevenir conflictos.