- Si ha crecido con niños nunca les hará daño
Adoptar un cachorro para que crezca junto a los niños no es una garantía. Un perro puede haber convivido con niños toda su vida y aun así morder en un momento puntual si está enfermo, asustado o con dolor. Por ejemplo, un perro mayor con artritis al que un niño toca en el lomo sin previo aviso está en una situación muy diferente a la de ese mismo perro años atrás.
- El perro va a cuidarle de forma instintiva
En algunos casos pueden mostrarse cercanos o tolerantes, pero eso no significa que estén “protegiendo” al niño. De hecho, confiar en ese supuesto instinto puede llevar a situaciones peligrosas: se relaja la supervisión, se permiten interacciones incómodas y se pone al perro en una situación que no puede gestionar.
Además, también hay perros a los que por diferentes motivos les cuesta más la convivencia con niños.
- Un perro que ha mordido a un niño es agresivo
Una mordedura nunca ocurre de la nada. Suele ser el resultado de señales ignoradas durante mucho tiempo, de una situación de presión extrema o de no haber podido escapar. Eso no significa que haya que ignorar lo ocurrido, pero etiquetar al perro como “agresivo” sin analizar el contexto no ayuda a prevenir que vuelva a pasar. Hay perros que han mordido a miembros de su familia y siguen conviviendo sin problemas y con una buena relación.
- Si crecen juntos tendrán una relación especial
Crecer en la misma casa no crea una buena relación de forma automática. Un cachorro y un bebé que coinciden en el tiempo están los dos en una etapa de máxima vulnerabilidad, máxima energía y mínima capacidad de regularse. Ninguno de los dos entiende al otro, y ninguno de los dos puede cuidarse solo. Lo que construye una relación especial no es el tiempo compartido, sino la calidad de ese tiempo: respeto mutuo y, sobre todo, adultos presentes que guíen la relación.
- El perro está celoso del niño
Cuando llega un bebé a casa y el perro empieza a hacer pises dentro, a destrozar cosas o a comportarse de forma diferente, la explicación más común es que “está celoso”. Pero los celos, tal y como los entendemos las personas, no son la causa. Lo que está ocurriendo es mucho más sencillo y más importante: el perro está estresado.
Su mundo acaba de cambiar por completo. Hay olores y ruidos nuevos, visitas, cambios de rutinas y mucha menos atención. Los comportamientos que interpretamos como celos son en realidad señales de que el animal está desbordado y no sabe cómo gestionarlo.