Una de las principales preocupaciones tras adoptar a un peludo suele ser cómo ayudarle a sentirse cómodo y tranquilo las primeras veces que lo dejamos solo en casa.
Es un proceso importante: los perros son animales sociales y necesitan compañía, pero el estilo de vida de la mayoría de familias hace que muchos perros pasen demasiado tiempo solos. Esto, para ellos, no es natural.
Por eso es importante que el proceso de adopción, idealmente, suceda cuando tengamos más tiempo para dedicárselo a nuestro perrete, para facilitar su adaptación a su nuevo hogar.
Antes de la adopción: la familiaridad
Es bueno tener en cuenta que al adoptar, de un día para otro separamos a ese perro de todo lo que conoce y lo llevamos a un lugar desconocido.
Cada can es un individuo y reaccionará a su manera, pero es comprensible que puedan sufrir ansiedad al quedarse solos en un entorno nuevo.
Por eso es tan importante acudir a la protectora varias veces antes de formalizar la adopción, pasear con el perrete, que nos vaya conociendo con calma, que se vaya familiarizando con nuestros olores y voces…
Lo ideal -aunque esto ya es más complicado- sería incluso que pudiera venir a nuestra casa previamente, para que pueda conocer su nuevo hogar y la zona en la que paseará con nosotros, para que pueda empezar a asociarnos con buenas experiencias.
Pero aunque solo sea en la protectora a lo largo de varias visitas, esa familiaridad, este comienzo del vínculo, contribuirá a que pueda sentirse más cómodo y seguro al llegar a su hogar.

Tras la adopción: salidas progresivas y control del estrés
- Es importante intentar no dejar al perro solo en casa durante los primeros días. Por eso es recomendable programar la adopción cuando tengamos varios días libres o estemos teletrabajando, para que el peludo esté siempre acompañado.
- Una vez pasados esos primeros días o cuando veas que ya se siente relajado y cómodo en casa, programa tus salidas de forma muy escalonada. Las primeras pueden ser incluso de solo unos pocos segundos, no tienes por qué salir de casa, puedes ir a otra habitación, a otra zona…
- Aumenta muy poco a poco la duración del tiempo que el perro ha de estar solo. Puedes intercalar salidas más cortas en esta progresión.
- El ritmo lo marcará cada perro. Observa si está gestionando bien las ausencias o si muestra señales de estrés. Puede ayudarte colocar una cámara para ver qué hace cuando sales (incluso puedes usar un móvil antiguo con una app como Alfred y conexión wifi). Si notas que el perro siente ansiedad (ladridos, aullidos, etc.) entonces hay que retroceder e ir más lento.
- Las salidas hay que hacerlas cuando el perrete esté tranquilo y relajado.
- A la hora de volver a casa y especialmente en el momento de irnos hay que evitar poner nervioso al perro. Actuar con naturalidad, despedirnos y saludar al perro de forma tranquila.
- Cubre las necesidades de descanso del perro. Crea espacios y momentos de tranquilidad en la casa. El lugar donde duerma será un buen sitio para comenzar a relajarse.
- La rutina ayuda a los perros: les aporta estabilidad, seguridad y sensación de control. La rutina es aplicable a horarios de comida, de paseo… Todo ello puede ayudar a que estén más tranquilos en casa.
- Un entorno estimulante puede ayudar al perro a reducir el estrés y llevar mejor la soledad. Puedes ofrecerle juguetes rellenables o interactivos, pero introducelos en momentos tranquilos y varios días antes de usarlos cuando se quede solo. Si solo aparecen justo antes de tu salida, puede asociarlos con tu marcha y ser contraproducente. Si observas que estos juegos le ponen nervioso, no es recomendable dejárselos en tu ausencia.
- Utiliza cortinas sonoras: puedes dejar la TV o la radio encendidas al salir pero intenta que sea con música relajante o, incluso, con algún audiolibro, con sonidos “controlables” que no vayan a asustar a tu can. Esto puede ofrecerle cierta distracción y también amortiguará los estímulos sonoros del exterior.
- Coloca una barrera frente a estímulos externos. Puedes recurrir a puertas para bebés, persianas o a mover un sofá para limitar el acceso del perro a la ventana a través de la que ve u oye a otros perros o a niños jugando en el parque. De esta forma evitarás que el perro se excite o se frustre con estímulos externos.
- Reduce el contraste entre tu presencia y tu ausencia: antes de salir de casa nos movemos más rápido, hay más ajetreo y gritos, se apagan luces… Esto cambia radicalmente con nuestra salida: se hace el silencio, desaparece el movimiento… Si puedes minimizar ese contraste, esto puede ayudar a tu perro a estar más tranquilo tras tu salida.
- Evita los gritos y el castigo: si al volver a casa te encuentras algún destrozo, alguna caca o pis… respira hondo y como si nada. Si te enfadas y le riñes esto afectará a la relación que estáis empezando a forjar e incrementará la ansiedad de tu perro al quedarse solo.
Conclusiones
Para los perros no es natural estar horas sin compañía. Es normal que tengan cierta ansiedad las primeras veces que se quedan solos en casa.
Es importante ayudarles a adaptarse. De lo contrario, puede derivar en un problema de ansiedad por separación.
La forma de hacerlo siempre será gradual, poniendo mucho cuidado en observar sus niveles de estrés, poniéndonos en el lugar del perrete y adaptando el proceso a sus necesidades. En caso de que veamos que pasan los días y nuestro peludo sigue sin adaptarse, sería importante contactar con algún buen profesional de la educación canina.
Mitos
Se suele decir que despedirse es contraproducente para que el perro se quede tranquilo. Es cierto que hacerlo de forma efusiva, activándole en exceso, no favorece que se quede tranquilo. Sin embargo, irse sin ningún tipo de señal tampoco es mejor, ya que puede generar incertidumbre y aumentar la hipervigilancia para anticipar cuándo te marchas. Una despedida breve, predecible y tranquila puede ayudarle a comprender lo que está ocurriendo. Utilizar siempre las mismas palabras o un pequeño ritual facilita la anticipación y reduce el estrés.
Es habitual escuchar la recomendación de ignorar al perro al volver a casa para no “reforzar” la excitación. Sin embargo, el saludo en sí no es el problema. Para un perro adoptado que aún está consolidando su seguridad en el nuevo hogar, el reencuentro forma parte de la comunicación y de la relación. Lo importante es cómo se produce: si llegamos de forma precipitada y le ponemos nervioso, aumentamos la sobreexcitación; si saludamos con calma, con un tono relajado, facilitamos que el perro regule mejor su emoción. Ignorar al perro cuando llegamos solo generará frustración y problemas en la relación.
Esto es contraproducente y peligroso. El can puede frustrarse y generar gran estrés, sufriendo un trauma e incluso llegando a un estado de indefensión que nos haga creer que se queda tranquilo cuando en realidad está sufriendo.