Que una persona premie a su perro con comida o lo corrija mediante un tirón de correa no solo depende de lo que considere el método más eficaz para enseñar algo a su perro. Según ha constatado un estudio de la Universidad de Copenhague en colaboración con colegas de la Universidad de Edimburgo, la elección del método de entrenamiento canino está vinculada también con la orientación ética hacia los animales.
Las personas con una orientación ética centrada en el bienestar animal tienen menos probabilidades de utilizar métodos de entrenamiento basados en castigos que quienes consideran que los animales existen principalmente para servir a los intereses humanos.
“El entrenamiento no es una actividad neutral. Es una actividad en la que se hace visible la forma en que el tutor ve al animal”, concluye el profesor Peter Sandøe.
“Si utilizas castigos como parte del entrenamiento de tu perro, es más probable que consideres que los perros existen principalmente para cumplir propósitos humanos. Si utilizas menos castigos y recurres más a métodos de entrenamiento positivos, es más probable que te identifiques con la idea de que los animales deberían tener derechos o, al menos, disfrutar de un buen bienestar”, explica este profesor del Departamento de Ciencias Veterinarias y Animales de la Universidad de Copenhague, autor principal del estudio.
Premios frente a correcciones verbales
El estudio se basa en las respuestas de 500 tutores de perros de EEUU que fueron encuestados por un lado sobre sus prácticas de entrenamiento y por otro sobre cuestiones relacionadas con sus opiniones sobre los animales. De esta manera fueron clasificados según las distintas orientaciones éticas.
- Orientación antropocéntrica: considera éticamente aceptable que los seres humanos utilicen a los animales para fines humanos.
- Orientación de protección animal: considera que las personas pueden utilizar animales, pero tienen la obligación de garantizar su bienestar.
- Orientación de derechos de los animales: considera que los animales tienen un valor moral comparable al de los seres humanos y deberían disfrutar de derechos similares.
Los tutores con una orientación antropocéntrica tenían más probabilidades de utilizar reprimendas verbales o correcciones físicas durante el entrenamiento que quienes mostraban alguna de las otras dos orientaciones éticas. Por el contrario, las personas con una visión más centrada en el bienestar animal utilizaban con mayor frecuencia métodos positivos, como comida, juguetes o elogios verbales.
Métodos positivos y métodos basados en castigos
Los métodos de entrenamiento positivos -como el uso de comida, juguetes y elogios- estaban muy extendidos entre los participantes, mientras que los métodos basados en castigos, como las reprimendas verbales o las correcciones físicas, se utilizaban con menor frecuencia.
- El 97 % utilizaba elogios verbales.
- El 86 % utilizaba comida o juguetes como recompensa.
Los métodos basados en castigos eran menos frecuentes:
- El 46 % afirmó utilizar algún tipo de castigo.
- El 25 % declaró utilizar métodos físicamente aversivos, como los tirones de correa u otras formas de corrección física.
Sin embargo, aunque el uso de refuerzos positivos era casi universal, solo una minoría de los participantes (17,8 %) cumplía la definición de «entrenamiento positivo» utilizada en el estudio. Los autores reservaron esta categoría para quienes recurrían con frecuencia a elogios y recompensas, y apenas utilizaban reprimendas verbales o correcciones físicas. Por tanto, la mayoría combinaba métodos positivos con algún tipo de corrección.
Desde esta perspectiva, influir en la elección de los métodos de entrenamiento no es únicamente una cuestión técnica o profesional. “No se trata únicamente de cómo aprenden los perros; también estamos ante un debate ético. No puede reducirse a una cuestión exclusivamente técnica o científica, como se suele hacer”, afirma Peter Sandøe.