Un labrador senior tumbado en un sofá

Nuevas guías prácticas para diagnosticar y tratar el Síndrome de Disfunción Cognitiva Canina

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Fundación SrPerro Colega
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El aumento de la esperanza de vida de los perros ha hecho que trastornos asociados al envejecimiento, como el Síndrome de Disfunción Cognitiva Canina (SDC), sean cada vez más relevantes. Su diagnóstico, sin embargo, sigue siendo complejo debido a la aparición gradual e inespecífica de los signos, la dificultad para diferenciar el envejecimiento normal de un proceso patológico, la presencia frecuente de enfermedades concomitantes y el hecho de que los cambios estructurales cerebrales detectables por resonancia magnética suelan aparecer en fases avanzadas.

Ante la ausencia de guías diagnósticas consensuadas, un grupo internacional de expertos -el Canine Cognitive Dysfunction Syndrome Working Group ha propuesto una definición clara del síndrome, criterios diagnósticos prácticos con distintos niveles de certeza y un sistema de clasificación por gravedad, con el objetivo de facilitar tanto el trabajo clínico como la investigación futura.

Compartimos la información publicada en el Journal of the American Veterinary Medical Association puesto que aunque está destinada a profesionales, también ofrece claves importantes para tutores que convivan con perros mayores (si piensas que tu perro puede estar empezando a sufrir SDC, consúltalo cuanto antes con tu veterinario).

Definición del Síndrome de Disfunción Cognitiva Canina

El síndrome de disfunción cognitiva canina se define como un síndrome neurodegenerativo crónico, progresivo y asociado a la edad, caracterizado por cambios cognitivos y conductuales lo suficientemente importantes como para afectar a la vida diaria del animal en distinto grado.

Estos cambios se manifiestan en una serie de dominios conductuales que se agrupan (en inglés) bajo el acrónimo DISHAA, que recoge las áreas clave afectadas:

  • Desorientación
  • Alteración de las interacciones sociales
  • Trastornos del sueño
  • Micciones o defecaciones dentro de casa, déficits de aprendizaje y memoria
  • Cambios en el nivel de actividad (aumento o disminución)
  • Aumento de ansiedad y miedo

El grupo de trabajo propone considerar el CDS como un término paraguas equivalente a la demencia canina, reconociendo que, aunque la patología asociada al depósito de amiloide y tau es conocida, probablemente existan múltiples procesos neurodegenerativos subyacentes que todavía no se comprenden completamente.

Clasificación de la gravedad del SDC

El estudio propone tres niveles de gravedad basados en el impacto funcional percibido, especialmente desde la perspectiva de las familias:

SDC leve

Los cambios conductuales son sutiles, de baja frecuencia o intensidad. El perro mantiene en general su funcionalidad habitual y los signos suelen atribuirse erróneamente al envejecimiento normal, pasando desapercibidos si no se evalúan de forma específica.

SDC moderado

Los cambios son más evidentes y frecuentes, interfieren con la vida diaria y requieren ajustes en el manejo y en la convivencia.

SDC grave

Los déficits cognitivos y conductuales son claramente visibles y debilitantes. El animal necesita ayuda incluso para funciones básicas y requiere un manejo integral y continuo.

Esta clasificación no cuantifica directamente la patología cerebral, sino que ofrece una herramienta práctica centrada en la experiencia funcional y la calidad de vida.

Presentación clínica y evolución de los síntomas

El SDC se caracteriza por una evolución lenta y progresiva. En fases iniciales puede afectar solo a uno de los dominios DISHAA, mientras que en etapas más avanzadas suele implicar varios de ellos.

Los estudios analizados indican que algunos de los signos tempranos más frecuentes incluyen:

  • Inquietud nocturna y alteraciones del ciclo sueño-vigilia
  • Disminución de la actividad diurna
  • Cambios en la interacción social

A medida que el proceso avanza, aparecen con mayor frecuencia:

  • Eliminaciones inapropiadas (pises o cacas en casa)
  • Desorientación espacial más marcada

La expresión concreta de cada dominio puede variar entre individuos. Por ejemplo, la desorientación puede manifestarse como quedarse mirando al vacío, ir al lado incorrecto de una puerta o no reconocer a personas conocidas. Las alteraciones sociales pueden presentarse tanto como aumento de conductas de búsqueda de atención como como retraimiento social.

El estudio subraya que las alteraciones del sueño generan una carga especialmente elevada para las familias, afectando de forma directa a la convivencia y al bienestar compartido.

El SDC como diagnóstico de exclusión

Un punto clave del artículo es que el SDC debe considerarse siempre un diagnóstico de exclusión. El envejecimiento se asocia a cambios en múltiples sistemas, y numerosas enfermedades médicas, neurológicas u ortopédicas pueden provocar signos similares a los incluidos en DISHAA.

Por ello, se recomienda:

  • Exploración física completa, incluyendo valoración ortopédica, oftalmológica y neurológica.
  • Pruebas básicas: hemograma, bioquímica sanguínea, análisis de orina y medición de la presión arterial.

La presencia de signos neurológicos focales o lateralizados, déficits de nervios craneales o crisis epilépticas de nueva aparición sugiere otras patologías cerebrales, en cuyo caso se debe priorizar la realización de resonancia magnética y análisis de líquido cefalorraquídeo antes de asumir un SDC.

Cuestionarios y evaluación por parte de las familias

Los cuestionarios completados por las familias son una herramienta fundamental para detectar y monitorizar el SDC, aunque no deben utilizarse como único criterio diagnóstico. Su mayor valor reside en el seguimiento de la evolución individual a lo largo del tiempo.

Entre los instrumentos disponibles, el grupo recomienda especialmente el cuestionario DISHAA, por su amplio uso en clínica general y por evaluar los seis dominios relevantes del síndrome. Se insiste en que las respuestas deben compararse siempre con el comportamiento previo del animal y, idealmente, ser completadas por la misma persona en cada evaluación para reducir sesgos.

El grupo recomienda que los profesionales veterinarios comiencen a vigilar la aparición de cambios cognitivos mediante cuestionarios rutinarios para perros sénior a partir de aproximadamente los 7 años de edad.

Si la familia detecta y comunica alteraciones conductuales, se aconseja realizar una evaluación posterior utilizando una escala de SDC, un cuestionario más detallado, y mantener un seguimiento cada seis meses. A partir de los 10 años de edad, se recomienda utilizar una escala de SDC cada seis meses en todos los perros.

Hallazgos en resonancia magnética y otras pruebas

La resonancia magnética cerebral cumple una doble función: descartar diagnósticos alternativos y detectar signos compatibles con SDC. El hallazgo más relevante es la atrofia cerebral, visible como reducción del volumen cortical y aumento de los espacios llenos de líquido cefalorraquídeo.

Otros hallazgos descritos incluyen:

  • Reducción del tamaño del hipocampo
  • Microhemorragias cerebrales asociadas a enfermedad vascular
  • Cambios en la sustancia blanca relacionados con el envejecimiento

El análisis del líquido cefalorraquídeo suele ser normal en perros con SDC, y la presencia de inflamación o células anormales orienta hacia otras patologías.

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