Estos cuatro perretes están en el Centro Integral de Acogida de Animales de la Comunidad de Madrid (CIAAM) desde hace demasiados años. ¿Por qué no se adoptan perros como Tanqueray, Jimbo, Lanuza o Alerón? Esto es lo que explica Almudena Beltrán, coordinadora del CIAAM:
Estos cuatro perros, y muchos otros que tenemos aquí, comparten una realidad compleja. Y, sinceramente, no hay una única explicación. Algunos factores tienen que ver con el propio animal y otros con cómo ha cambiado la vida de las personas y la sociedad.
En el caso de muchos de estos perros, especialmente los PPP, para mí el principal problema es la imagen que se da de ellos. No se presentan como perros normales con más potencia o energía, sino directamente como perros peligrosos. Y eso influye muchísimo.
La propia denominación “Perro Potencialmente Peligroso” ya condiciona. Mucha gente elimina mentalmente la palabra “potencialmente” y se queda únicamente con “peligroso”. De hecho, muchas familias llegan aquí diciendo directamente: “Queremos un perro que no sea peligroso”.
Por mi experiencia, el gran problema de los PPP es precisamente esa percepción social, y está muy lejos de la realidad. ¿Existen PPP peligrosos? Claro. Igual que existen Pastores Alemanes, Mastines, Beagle, Jack Russell, Teckel o Schnauzer con problemas de comportamiento. El problema no es una raza concreta.
A esa imagen negativa se le suman otros factores que complican todavía más la adopción. Por ejemplo, que el perro tenga leishmaniosis o que no se lleve bien con otros perros dentro de la protectora. Y hay que entender que los animales viven aquí en espacios reducidos y en situaciones de estrés constante. Probablemente cualquiera de nosotros también tendría conflictos si conviviera permanentemente en esas condiciones. Pero, claro, cuando se acumulan varios factores, las posibilidades de adopción disminuyen muchísimo.
En los perros negros yo no he percibido tanto rechazo como en los gatos negros. Sí puede ocurrir que, comparando un perro negro con uno blanco, el blanco se adopte antes. Pero no creo que sea un factor tan determinante como a veces se piensa, aunque también puede influir.
Con los perros grandes ocurre otra realidad: hay un número enorme de perros amastinados o de gran tamaño abandonados y, simplemente, no existen familias suficientes para todos ellos.
Y algo parecido sucede con los perros mayores. Cada vez llegan más familias dispuestas a adoptar animales senior, y eso es algo muy positivo. Pero también es verdad que actualmente entran muchos más animales mayores que hace años. El problema es que el número de animales senior abandonados ha aumentado y no hay hogares suficientes para todos.
Con razas como el Pastor Alemán o el Pastor Belga Malinois se suma además el efecto de las modas. Son razas que se popularizan, muchas personas las adquieren sin conocer realmente sus necesidades y, después, llegan los abandonos. Son perros que necesitan muchísimo tiempo, trabajo y dedicación. Y precisamente eso es lo que muchas familias no tienen hoy en día: tiempo.
Por eso los perros pequeños suelen adoptarse más rápido. Encajan con mayor facilidad en muchos estilos de vida y requieren menos espacio físico.
Al final, sí existen animales con adopciones muchísimo más difíciles. Pero la razón principal no es que sean “inadoptables”, sino que el volumen de abandono es demasiado alto y no hay familias suficientes para todos. Las cifras de adopción han bajado. Y ahí influyen factores que van mucho más allá de los animales: la economía, la incertidumbre, el ritmo de vida actual o la falta de estabilidad.
Por eso creo que el problema no es únicamente el tipo de perro, sino también el contexto social en el que vivimos ahora mismo.
¿Cuáles serían las familias ideales para ellos?
Centrándome en estos cuatro perros, ninguno es un perro realmente difícil. No presentan problemas graves de comportamiento. El principal reto que tienen es que llevan muchos años viviendo en una protectora de animales.
El más mayor es Tanqueray, y Lanuza también es ya una perrita senior, aunque tampoco hablamos de animales extremadamente ancianos. Pero Tanqueray lleva tantos años aquí que, evidentemente, la vida fuera de la valla prácticamente ya no la conoce. Y eso significa que necesitaría un periodo de adaptación.
Si me preguntas cuáles serían las familias ideales para ellos, el único requisito que pondría, hablando de forma general y sin conocer a una familia concreta, sería que hubieran convivido antes con algún perro. Y no tanto por experiencia con PPP, sino simplemente con perros grandes o con perros en general.
Aun así, tampoco cerraría la puerta a familias primerizas. Porque muchas veces llega gente que nunca ha tenido perro y, hablando con ellos, te das cuenta de que escuchan, aprenden y se implican muchísimo. Vienen a pasear con el animal, preguntan, se emocionan y absorben todo lo que les cuentas desde la responsabilidad y las ganas de hacerlo bien.
Por eso siempre hay que valorar cada caso de forma individual. Hay familias sin experiencia previa que pueden hacerlo fenomenal y otras que sí han tenido perros, pero realmente no han aprendido demasiado de esa convivencia.
De hecho, a veces un perro pequeño tampoco encaja con una familia primeriza. Durante las conversaciones percibes rápidamente si la persona está realmente implicada o si, simplemente, le da igual lo que le estás contando. Y ahí es donde entiendes que probablemente ese animal no va a estar bien atendido o incluso podría acabar siendo abandonado de nuevo.
Muchas veces se minimiza la responsabilidad cuando hablamos de perros pequeños, como si fueran más fáciles o menos importantes. Pero cualquier perro necesita compromiso, educación y responsabilidad. Un Bulldog Francés, por ejemplo, también puede provocar un accidente serio.
Por eso, en el caso concreto de Tanqueray, Lanuza, Jimbo y Alerón probablemente priorizaría familias que ya hayan convivido antes con algún perro. Pero siempre valorándolo todo: la actitud, el interés, el tiempo disponible, las ganas de aprender y la implicación real de la familia. Porque, al final, eso pesa mucho más que la experiencia previa.
¿Cómo es el proceso de adopción en el CIAAM?
El proceso descrito es sencillo y personalizado, enfocado en conocer a fondo tanto a la familia como al animal para asegurar una adaptación exitosa.
1. Contacto Inicial
- Conversación Telefónica: El primer paso suele ser una charla por teléfono para conocer las preferencias de la familia (especie, tamaño, edad, etc.).
- No es una entrevista rígida: Se busca que la familia cuente qué es lo que busca de manera natural.
2. La “Tertulia” Presencial
- Cita y charla: Una vez acordada una cita, se mantiene lo que el narrador prefiere llamar una “tertulia” en lugar de una entrevista.
- Enfoque holístico: No solo se habla del animal, sino de la vida en general, las rutinas de la familia y lo que pueden o no hacer juntos.
- Objetivo: Llegar al fondo para conocer realmente a la familia a través de un diálogo abierto y bidireccional.
3. Interacción con los Animales
- Selección: Se presentan los animales que mejor podrían encajar según la composición de la familia (niños, personas mayores, etc.).
- Conexión emocional: Se observa cómo interactúan, si hay una conexión especial o “miradas” que lleguen al corazón.
4. Período de Conocimiento y Paseos
- Visitas Recurrentes: Para los perros, se solicita que la familia venga al menos un par de veces más para pasear y seguir conviviendo.
- Casos Especiales: Con razas como Malinois, Pastores Alemanes o perros potencialmente peligrosos (PPP), se pone especial énfasis en la experiencia de la familia y el tiempo de convivencia previo (algunas familias acuden durante meses antes de la adopción definitiva).
5. Post-Adopción y Seguimiento
- Preparación para el cambio: El centro de adopción comparte toda la información recabada sobre el animal (hábitos de sueño, alimentación, carácter) para facilitar la transición a su nuevo hogar.
- Canal abierto y comunicación continua: Mantienen una vía telefónica abierta de forma permanente para resolver dudas o problemas durante el período de adaptación.
- Vínculo continuo: El CIAAM valora recibir fotos y noticias sobre cómo se encuentra el animal en su nueva vida.
El proceso para adoptar un animal es muy sencillo. Normalmente comenzamos con una conversación telefónica tranquila, en la que intentamos conocernos un poco mejor. En otras ocasiones, las familias vienen directamente al CIAAM y mantenemos aquí ese primer contacto para informarles y empezar a hablar con calma.
No se trata de una entrevista, ni muchísimo menos. Lo que buscamos es una conversación cercana con la familia, un diálogo que nos permita conocer cómo viven y qué perro o gato puede adaptarse mejor a su realidad y a su núcleo familiar.
El primer paso es que nos cuenten qué están buscando: si prefieren un cachorro o un adulto, el tamaño del animal, cómo es su día a día, cuánto tiempo pasan en casa, si han convivido antes con animales… A partir de ahí concertamos una cita presencial.
En esa cita seguimos hablando. A mí me gusta llamarlo más una tertulia o una conversación cercana que una entrevista, porque eso es realmente lo que hacemos. Las familias nos cuentan cómo es su vida y nosotros les hablamos tanto del animal que quieren adoptar como de lo que supone convivir con él: lo que puede necesitar, lo que puede hacer y aquello en lo que quizá haya que trabajar.
Intento siempre que esa conversación sea lo más natural posible, como una charla tomando un café. Y en ella pueden surgir muchísimos temas, no solo relacionados con la adopción, porque creo que la única manera de conocer realmente a una familia es hablando de la vida en general. No consiste en hacer preguntas y recibir respuestas rápidas, sino en conversar. Yo les hablo de mí y ellos me hablan de ellos. Así es como realmente conoces a las personas y puedes valorar mejor qué animal puede encajar con ellas.
A partir de ahí conocemos juntos a los animales. Las familias los ven, conectan con alguno, se fijan en una mirada o en una actitud. Y, dependiendo de quién forme parte de esa familia —si hay niños, personas mayores, otros animales, etcétera— vamos descartando algunos perfiles y presentando otros, hasta encontrar el animal que mejor encaja.
En el caso de los perros, salvo que se trate de un cachorro o de un perro especialmente sencillo, nos gusta que la familia venga más de una vez a visitarlos. También depende de la experiencia previa que tengan. Queremos que paseen con él, que compartan tiempo juntos y que sigamos hablando. Si hace falta venir durante un mes, se viene un mes; y si hace falta más tiempo, no hay ningún problema. Lo importante es que la familia salga de aquí con seguridad y habiendo aprendido cómo es ese animal, para que la adaptación sea más sencilla para todos.
Con determinados perros —por ejemplo Malinois, Pastores Alemanes o PPP— prestamos especial atención a la experiencia de la familia y a las necesidades concretas del animal. Y en el caso de los PPP, además, es necesario contar con la licencia correspondiente.
Ahora mismo, por ejemplo, tenemos reservado un PPP que llevaba nueve años aquí. La familia lleva un mes viniendo tres días a la semana a pasear con él junto a una de mis compañeras. Durante ese tiempo les vamos contando todo lo que conocemos del perro: cómo se comporta, qué necesita y cómo es realmente su carácter.
Porque nuestro principal objetivo cuando un animal entra en el Centro de Adopción es conocerlo bien: saber cómo come, cómo duerme, cómo se relaciona y hasta dónde llega en determinadas situaciones. Esa información es la que después trasladamos a las familias. La vida cambia cuando un animal llega a un hogar, pero tiene que existir una base, y esa base debemos conocerla nosotros primero. Por eso nunca damos en adopción a un animal que acaba de llegar.
Y, por supuesto, siempre mantenemos el contacto después de la adopción. Las familias tienen nuestra ayuda telefónica abierta durante todo el tiempo que la necesiten, tanto para resolver dudas como para cualquier problema que pueda surgir.
El periodo de adaptación dura lo que tenga que durar, y nosotros seguimos aquí acompañándoles en el proceso. Siempre lo decimos: no nos vamos a ninguna parte. No solo queremos recibir fotos; queremos saber cómo están. Que nos escriban, nos llamen o nos manden imágenes. Seguimos acompañándoles también después de la adopción