Un equipo de investigación vinculado a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (con autorización ética del comité de experimentación animal de la universidad) ha desarrollado un estudio piloto sobre el uso de 1cp-LSD, un compuesto análogo legal del LSD, para mejorar cuestiones relacionadas con el bienestar y ansiedad en perros que viven en el Albergue Insular de Animales de Gran Canaria.
Antes de entrar en resultados, conviene subrayar dos puntos clave: la muestra es pequeña (20 perros, 5 por grupo) y el seguimiento es limitado (seis semanas en total, con tres semanas de intervención y tres de observación posterior).
Los propios autores advierten que, con este diseño y tamaño de grupo, los datos no permiten demostrar causalidad y deben interpretarse con cautela. Pero sus hallazgos también sugieren un camino interesante: “integrar farmacología psicodélica a dosis bajas con apoyo conductual podría representar una nueva estrategia prometedora para mejorar el bienestar de los perros en protectoras de animales”.
¿Cuál era el objetivo de este estudio piloto?
La premisa de los autores es que los perros que viven en protectoras de animales suelen estar expuestos a estrés crónico, lo que afecta negativamente a su bienestar emocional y reduce sus posibilidades de adopción. Las intervenciones conductuales para mejorar el bienestar, destacan ellos, suelen tener efectos limitados en el tiempo. Por eso querían explorar los efectos de “combinar una intervención etológica estructurada con dosis bajas, no alucinógenas, de 1cp-LSD, un compuesto análogo legal del LSD” para ver si así se producían mejoras más sostenidas.
¿Cómo se plantea el estudio?
El estudio comparó cuatro condiciones en 20 perros del Albergue Bañaderos de Gran Canaria: grupo control, solo 1cp-LSD, solo intervención etológica (IE) y tratamiento combinado (1cp-LSD + IE).
Durante tres semanas, el 1cp-LSD se administró por vía oral a dosis bajas (10 µg) en 10 tomas, y la intervención etológica siguió el mismo calendario de 10 sesiones; después, durante tres semanas, no hubo intervención y solo se realizaron observaciones para ver si había cambios que se mantuvieran.
La intervención etológica, explican los autores del estudio, no fue un “programa estándar” para todos. Se diseñó según el perfil de estrés de cada perro, identificando estresores y aportando herramientas para facilitar liberación de estrés y mecanismos de afrontamiento adaptativos, además de medidas para mejorar el descanso y crear oportunidades de interacción social positiva, tanto con otros perros como con personas.
Resuldados: la terapia combinada y las mejoras sostenidas
Dentro de los perros que solo recibieron apoyo etológico, los análisis “dentro del grupo” (comparando sus puntuaciones antes y después), los autores señalan que no se detectaron cambios significativos en las variables medidas en el grupo de intervención etológica.
Aun así, cuando compararon grupos entre sí al terminar las tres semanas de intervención, apareció un dato interesante: la calma fue más alta en el grupo que recibió intervención etológica que en algunos de los otros grupos en ese punto concreto (comparaciones por pares con 1cp-LSD y con el combinado), aunque ese patrón no se mantuvo al final del estudio. En el periodo posterior (de fin de tratamiento a fin de estudio), la sociabilidad fue más baja en control y en 1cp-LSD que en el grupo de intervención etológica en ese tramo.
Las mejoras más esperanzadoras sucedieron en el grupo combinado (1cp-LSD + intervención etológica): tras las tres semanas de intervención, este grupo mostró mejores resultados globales en calma, sociabilidad y reactividad emocional positiva frente a aplicar solo 1cp-LSD, solo intervención etológica o no intervenir.
Y lo que es aún más significativo, estas mejoras se mantuvieron en el tiempo, durante las tres semanas posteriores, ya sin tratamiento.

Conclusiones y análisis de los resultados
En sus conclusiones, los autores del estudio piloto resumen que la combinación de 10 µg de 1cp-LSD con intervención etológica durante tres semanas “superó” a las intervenciones por separado y que los cambios se mantuvieron tres semanas adicionales tras finalizar la intervención activa, lo que interpretan como una señal de beneficios más sostenidos en el tiempo.
El propio artículo recuerda algo importante: en este tipo de estudios, la variabilidad individual y el contexto pueden pesar mucho. En sus datos, el comportamiento de base se asociaba a factores como el tipo de alojamiento, convivir con otros perros, si se les sacaba o no del chenil y cómo eran las interacciones con otros perros. Pero hay considerables limitaciones (además del tamaño de la muestra) puesto que no tenían información completa sobre la historia previa de cada perro.
Este estudio, aportamos desde Fundación SrPerro Colega, es una línea de investigación que merece ser explorada, siempre desde la prudencia y teniendo en cuenta que cada individuo es un mundo, lo que ayuda a uno puede no funcionar igual en otro, y la historia previa o el nivel de estrés acumulado pueden marcar la diferencia.
Por regla general, somos más partidarios de priorizar intervenciones no médicas: enriquecimiento ambiental, rutinas que permitan descanso real, oportunidades de olfateo y exploración, reducción del ruido y del estrés general del entorno, y después trabajo individual adaptado a cada perro.
Pero, sin duda, nuevas investigaciones son bienvenidas si se demuestra que, en grupos más amplios y desarrollando estudios más a largo plazo, el combinar diferentes terapias ayuda aún más a los muchos perros que están en las protectoras y centros de protección animal –como Leroy, el perro cuya imagen encabeza este texto. Él espera ser adoptado en el Albergue Bañaderos.