En el podcast The Bitey End of the Dog, Mike Shikashio ha mantenido una extensa charla con Kim Brophy, etóloga aplicada y consultora certificada en comportamiento canino, sobre un cambio fundamental en la manera de entender el bienestar de los perros.
Compartimos aquí parte de su conversación que podéis escuchar completa en el vídeo que está al final de este texto.
Un enfoque integral y holístico
A partir de su modelo L.E.G.S. (Learning, Environment, Genetics, Self), Brophy propone pasar de un enfoque centrado en “arreglar problemas de conducta” a otro que priorice el bienestar integral de cada perro al entender, justamente, que muchos de esos problemas de conducta no son más que un síntoma de necesidades no satisfechas.
En palabras de Brophy, no se trata de moldear comportamientos a base de premios, sino de construir una relación social auténtica.
La diversidad conductual como espejo del bienestar
Según Brophy, un perro sano y equilibrado no se mide por la ausencia de problemas, sino por la diversidad de conductas que despliega en su día a día: explorar, olfatear, jugar, descansar, interactuar, resolver pequeños retos…
Como ella explica: “No se trata de cuántos trucos puedo enseñarle a mi perro, eso no es diversidad conductual. Se trata de lo que hacen por voluntad propia… y de cuán equilibrada está esa distribución.”
Cuanto más variados y equilibrados sean los comportamiento naturales del perro, mayor será su bienestar.
Los safaris olfativos y el poder de la naturaleza
Una de las claves para fomentar esa diversidad en los perros urbanos son lo que denominan sniffaris, los safaris olfativos: paseos por entornos naturales donde los los canes puedan oler, rastrear y decidir qué explorar.
El objetivo de esos safaris es ofrecer a los perros escenarios ricos en estímulos naturales. En un campo, un bosque o incluso un parque bien aprovechado, los peludos puede desplegar conductas de forrajeo, rastreo o juego que difícilmente se reproducen en un salón.
No es solo un pasatiempo, es una herramienta de bienestar que permiten a los perros decidir y diversificar su repertorio: cuanto más se implican en esas conductas naturales, más se reduce su frustración y demás comportamientos problemáticos.
También han destacado la necesidad de cultivar la resiliencia de los perros: que aprendan a afrontar pequeños retos y recuperar el equilibrio emocional. Porque lo problemático en contextos de cautividad es cuando el perro se siente frustrado, impotente o confuso porque no sabe qué hacer o no tiene cómo actuar de forma autónoma.
“Una de las funciones principales del entrenamiento para cualquier animal en cautividad es tender un puente entre su preparación genética… y el entorno en el que realmente vive.”
El entrenamiento no debería reducirse a técnicas de control, sino ayudar a los perros a desenvolverse en un mundo que a menudo no está diseñado para ellos.
Apego seguro frente a transacciones
Claramente, la relación con nuestros perros no debe basarse en premios a cambio de comportamientos, no se trata de transacciones de premio y respuesta. Lo que de verdad importa es el apego seguro, esa conexión social genuina que da confianza al perro y lo motiva a cooperar sin necesidad de órdenes constantes.
“Los perros buscan de manera natural el vínculo social… Somos alguien digno de seguir, de escuchar, de conectar con ellos.”
Un perro que se siente seguro y vinculado a su familia responde mejor a los desafíos y muestra un comportamiento más equilibrado.
Estereotipias: síntomas de necesidades no cubiertas
Finalmente, se aborda el tema de las conductas compulsivas o repetitivas (como giros, lamidos excesivos o persecución de la cola). El cambio de paradigma consiste en no verlas solo como problemas a eliminar, sino como señales de necesidades insatisfechas.
“Cuando vemos esas conductas, debemos pensar no en patología, medicación y un plan de modificación… sino en cuál es la necesidad no cubierta.”
Al diversificar experiencias y enriquecer el entorno —con sniffaris, juegos y vínculos sociales auténticos— estas conductas tienden a disminuir.