Voluntaria abrazando a un perro mayor

El síndrome de burnout (o “síndrome del quemado”) en protección animal

Autor:

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Falta de energía, cansancio, frustración, tristeza, estrés, ansiedad, cambios de comportamiento… Son característicos en las personas que sufren el denominado burnout, o síndrome de “estar quemado”.

La sobrecarga de trabajo o una labor que implique estar constantemente en contacto con el sufrimiento y el dolor ajenos, algo frecuente cuando se realiza un voluntariado en protectoras de animales, puede desembocar en un agotamiento en el que los voluntarios se sienten emocional, física o mentalmente exhaustos, que les lleva a “quemarse” hasta el punto de llegar a abandonar su labor altruista.

¿Qué es el burnout?

El burnout (también llamado síndrome de estar “quemado” o agotamiento profesional) es definido por la OMS como una enfermedad consecuencia del estrés crónico.  

Es un proceso gradual que deriva en una alteración psicológica que ocurre cuando la presión del trabajo o el estrés se hacen insoportables porque son demasiado elevados o duran demasiado tiempo. 

Aunque habitualmente se asocia más al ámbito laboral, también se produce cuando se viven situaciones de alta demanda de responsabilidad como las que se realizan en un voluntariado en organizaciones sin ánimo de lucro como son las protectoras de animales, perreras o centros de protección animal. 

Tanto para los profesionales como para los voluntarios, trabajar en el ámbito de la protección animal suele ser una verdadera vocación. Por eso es aún más complicado gestionar el tener que enfrentarse de forma constante con el sufrimiento o la muerte de los perros y gatos a los que están cuidando.

Al igual que los veterinarios, como constata la Asociación Americana de Psicología, estas personas están por ello predispuestas a contraer el síndrome de burnout, a sufrir ansiedad, depresión y, en los casos más graves, llegando hasta a cometer suicidio.

¿Qué caracteriza al burnout?

El síndrome de burnout implica un proceso complejo en el que confluyen tres dimensiones interrelacionadas que se influyen constantemente: el agotamiento emocional, la despersonalización (o cinismo) y la sensación de ineficacia personal. Comprender cómo interactúan estos tres ejes es esencial para reconocer el burnout a tiempo, diseñar estrategias de prevención y promover entornos de trabajo más saludables y sostenibles.

Agotamiento emocional y físico
Se experimenta una falta persistente de energía: fatiga continua y una gran dificultad para afrontar las actividades diarias.

Despersonalización o cinismo
Aumenta la distancia emocional y mental hacia las personas con las que se trabaja o colabora y aparecen actitudes negativas o cínicas respecto al trabajo. Esto puede manifestarse como irritabilidad o pérdida de empatía.

Baja realización personal y sensación de ineficacia
Surge la percepción de no cumplir las expectativas laborales. La satisfacción que antes se obtenía del trabajo disminuye drásticamente, hasta el punto de plantearse abandonar la actividad.

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes del síndrome de burnout?

Si eres voluntaria, colaboradora o trabajas en una protectora de animales y últimamente te notas más nerviosa o irritable de lo habitual, te cuesta mantener la motivación o arrastras un cansancio que no desaparece ni descansando, podrías estar experimentando señales del síndrome de burnout.

Aunque solemos asociarlo al agotamiento emocional, este cuadro repercute en todos los ámbitos de la vida, incluida la salud física, y se manifiesta de forma distinta en cada persona. Los síntomas más habituales suelen ser:

  • Fatiga persistente: sensación de cansancio constante, incluso después de dormir, y de pérdida de energía.
  • Irritabilidad y cambios de humor: menor tolerancia a la frustración, cinismo, impaciencia,  irritabilidad, enfados frecuentes o estado permanente de nerviosismo.
  • Dificultad para concentrarse: problemas para tomar decisiones o mantener la atención.
  • Pérdida de motivación: desinterés por tareas que antes resultaban significativas. Poca realización personal, desmotivación y aburrimiento.
  • Desconexión emocional: sensación de desapego hacia el trabajo, el equipo o causas que solían motivarte.
  • Alteraciones del sueño: insomnio o sueño poco reparador.
  • Problemas de salud repentinos y frecuentes: cefaleas, problemas gastrointestinales, dolores musculares, taquicardias y cambios en el apetito sin causa médica clara.
  • Mayor consumo de estimulantes o substancias: cafeína, alcohol u otras substancias para “aguantar” la jornada.
  • Sensación de ineficacia o fracaso: autocrítica constante, ineficacia y percepción de no cumplir con las expectativas. Creer que eres incapaz de hacer frente a nuevos desafíos, baja autoestima y frustración.
  • Disminución del desempeño laboral: dificultad para cumplir con las tareas, errores frecuentes, disminución de la productividad y aumento del absentismo laboral y comunicación deficiente.
  • Cambios de comportamiento: aislamiento social, dificultad para comunicarse, negación de los sentimientos, comportamientos agresivos. Procrastinación continua y sentirse incapaz de afrontar nuevos retos.

Factores que contribuyen al burnout en las protectoras de animales

El síndrome de burnout en las protectoras de animales puede originarse por una combinación de factores estresantes  como sobrecarga de trabajo, conflictos internos y ausencia de apoyo, y agravarse por la fatiga por compasión, un desgaste emocional y físico consecuencia de la exposición constante al sufrimiento animal.

¿Cuándo aumenta el riesgo? Una persona puede verse especialmente vulnerable si vive alguna o varias de estas situaciones.

  • Sobrecarga de trabajo, tareas constantes y turnos prolongados sin tiempo de recuperación.
  • Escasa autonomía para decidir cómo y cuánto trabajar o hacer algo.
  • Falta de reconocimiento a los logros individuales o colectivos.
  • Metas ambiguas o poco realistas que generan incertidumbre.
  • Presión ambiental alta, plazos ajustados y medios limitados.
  • Conflictos interpersonales sin resolución dentro del equipo.
  • Ausencia de mecanismos de apoyo emocional y profesional.
  • Dificultad para delegar responsabilidades o pedir ayuda.

Las 5 fases del síndrome de burnout

El burnout suele avanzar de forma progresiva a lo largo de cinco fases claramente diferenciadas. Detectarlas a tiempo ayuda a que los coordinadores o responsables del equipo de voluntarios intervengan antes de que el desgaste ponga en riesgo la salud y la motivación de la persona y, por extensión, la marcha del proyecto.

1. Fase inicial o de entusiasmo

La persona se incorpora al proyecto con energía, ilusión y expectativas muy altas. Todo es nuevo y emocionante, pero este empuje puede evaporarse si no se le ofrece formación, acompañamiento y un reparto de tareas realista.

2. Fase de estancamiento

Con el paso de las semanas o meses aparecen tareas cada vez más complejas y demandas crecientes. Surgen dudas sobre la propia competencia y aparece el estrés: la curva de aprendizaje se siente empinada y el voluntario empieza a percibir que “no llega” a todo.

3. Fase de frustración

La motivación inicial disminuye. La persona se siente abrumada por la carga de trabajo y percibe que, por mucho esfuerzo que invierta, los resultados no acompañan. Esto genera irritabilidad, cansancio persistente y sensación de ineficacia.

4. Fase de apatía

El sentido de la tarea se diluye. Se pierde el vínculo emocional con la causa y el compromiso cae en picado. Disminuye la productividad, aparecen ausencias y la participación se vuelve meramente mecánica, sin la chispa que caracterizaba al inicio.

5. Fase de quemado o burnout

Se produce un colapso físico, mental y emocional: insomnio, somatizaciones, tristeza o ansiedad intensa. La persona puede necesitar una retirada total, solicitar un cambio radical o incluso abandonar la protectora para recuperarse.

¿Por qué es importante reconocer estas 5 fases? Cuanto antes se detecte la fase en la que se encuentra cada voluntario, antes se podrán aplicar acciones preventivas (supervisión cercana, reajuste de tareas, espacios de apoyo emocional, formación en autocuidado, descanso programado) que eviten llegar al agotamiento total y preserven el bienestar de todo el equipo.

¿Existen herramientas para identificar el síndrome del burnout?

Aunque hay otras, la herramienta más frecuentemente utilizada por los profesionales de la salud para identificar el síndrome de burnout es el Maslach Burnout Inventory (MBI). Se trata de un cuestionario que evalúa los niveles de agotamiento emocional, despersonalización y realización personal en la persona.

El MBI planea una serie de posibles pensamientos y sentimientos del trabajador en relación con las tareas que realiza y la persona debe valorar si son o no frecuentes. Originalmente desarrollado para detectar el burnout laboral en profesionales del sector de la salud, ha demostrado ser una herramienta versátil, adaptándose con el tiempo para evaluar el síndrome de burnout en otros contextos, como en el voluntariado.

Conclusiones

El burnout es un fenómeno real y frecuente en protectoras de animales. Surge como consecuencia de la sobrecarga de trabajo, la exposición constante al sufrimiento ajeno y el estrés prolongado.

No solo afecta a profesionales contratados, sino también a voluntarios, cuya motivación inicial y vocación pueden verse mermadas ante la carga emocional de la labor. Se caracteriza por agotamiento emocional, despersonalización y falta de realización personal.

Se caracteriza por agotamiento emocional, despersonalización y falta de realización personal. La pérdida de motivación, la disminución de la productividad y la intención de abandonar la labor son señales de alerta.

La prevención y el apoyo son fundamentales.

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